Rómulo Del Castillo

Rómulo Del Castillo era el auditor interno de IEMPSA en 1973, pero también fue el hombre tras el proyecto del LP Zulu.

Al ver la facilidad con que me desenvolvía en la sala de grabaciones y la manera dinámica como iba montando los instrumentos y coros, y notando que muchos periodistas se habían pasado la voz, incluso Guido Monteverde, pugnando por ingresar al estudio, en un afán por verme trabajando, un día Rómulo me preguntó de manera escrutadora y franca: "Zulu, ¿hasta dónde piensas llegar?". Y lo miré fijamente a los ojos, percibiendo la trascendencia de su pregunta, y le respondí con la misma franqueza: "Hasta donde Dios quiera".

Y así fue. El día que sentí que Dios me dijo: "Hasta aquí", hasta allí llegué. Ni un día más, ni un día menos. Como se puede intuir por algunas de las letras de las canciones, el proyecto tenía un fuerte componente espiritual y no estaba dispuesto a que nada me desviara.

Rómulo aceptó la respuesta, pensando que el cielo sería mi límite. Al poco tiempo IEMPSA puso a mi disposición un teclado Moog.

La consola nueva de 24 canales era única en el país. El estudio tenía un hermoso piano y un órgano Hammond. No necesitaba más.

¿Y el concierto? En realidad, nunca pensé en un concierto. Eso vino después de que el disco había salido. Basta con cerrar los ojos e imaginar a los músicos en escena para darse cuenta de que hubiera sido muy interesante hacer un concierto. Eran ritmos y estilos completamente diferentes a los que comúnmente se oían en el mercado. Casi cada tema tenía músicos diferentes, y cada tema se sentía totalmente diferente. Por ejemplo, "Laberintos" contrastaba completamente con "Si en el cielo yo viviera", y estos, con "Cariño grande", y ni qué decir de "Sana camaleón".

Al iniciar los trabajos, le había advertido a Rómulo: "Si vamos a hacer un concierto, dímelo ahora mismo para disponerlo todo con miras a una presentación apoteósica. Porque necesitaré por lo menos tres meses para ensayar hasta el mínimo detalle. Si me lo pides después, no podré hacerlo porque no voy a preparar un arroz con huevo frito para salir del paso. Si vamos a hacer un concierto, dímelo ahora".
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Pero IEMPSA se chupó. Y con razón. No tenían experiencia conmigo. Yo era nuevo en el mercado. No querían arriesgarse demasiado. Por ejemplo, yo pedí para el concierto un tipo de iluminación que Miguel Bosé recién usaría años después. Todo costaría caro. No es por alardear, pero en ese tiempo, el Perú no estuvo preparado para un concierto de la naturaleza que yo tenía pensado.

Cuando el disco salió y pegó, Rómulo me llamó a su oficina y me dijo: "Pronto. ¡Hagamos el concierto!", pero lo mandé a volar. No podía prepararlo en una semana y esperar que saliera bien. No arriesgaría mi carrera con cualquier huachafada. Por eso le contesté: "Hace meses te pregunté si haríamos el concierto, y me dijiste que no. Te advertí que me tomaría unos tres meses prepararlo. Hay demasiados detalles, músicos y coros envueltos". Pero, no dependía de Rómulo.

Por eso Zulu no hizo un concierto con los temas del LP. Pero podemos ponernos unos audífonos, escuchar los temas, cerrar los ojos y ver el concierto por nosotros mismos en la pantalla gigante de nuestra imaginación. Es lo más cerca que jamás llegaremos de escuchar a Zulu en concierto.

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