Algo sobre la idiosincracia


Uno habla de idiosincrasia cuando se refiere al temperamento, caracter, personalidad, manera de ser, actitud, rasgos, motivaciones y otros aspectos que caracterizan a una persona o colectividad. Pero yo a veces me refiero a ello como idiosincracia*.
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Por eso solemos decir que "Fulano tiene una idiosincrasia bastante especial", o que "tal región tiene su idiosincracia", o que "tal país tiene una idiosincracia muy diferente", etc.
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Cuando hablamos de la idiosincrasia de la gente nos referimos, por tanto, a la manera de ser de esa gente en general, lo cual afecta por empatía a unos y otros. Por ejemplo, si un patita de Lima se va a vivir al Japón, se estrellará con la idiosincracia de los japoneses, donde en algunos sentidos suelen ser muy estrictos; y si un japonés viene del Japón a Lima, se estrellará con la idiosincracia de los limeños, que en otros sentidos son bastante relajados. Y a menos que sintonicen con dicha idiosincrasia, no podrán soportarlo. Pero ¿pueden armonizarse las idiosincrasias y lograrse algo bueno?
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A veces, cuando alguien menciona, con buenas intenciones, por supuesto, la manera como se hacen ciertas cosas en el extranjero, no falta alguien que diga: "Pero esa no es nuestra realidad. Si aplicas acá los parámetros de esas naciones, no sacas nada. Aquí tienes que hacer las cosas como se hacen acá".
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Pero eso es solo otra manera de decir: "Así soy yo, siempre he sido así y no pienso cambiar". Yo respondo: "Si eso fuera cierto, entonces ¿por qué tanta gente se siente atraída a esos países hasta el punto de emigrar para siempre?". Es porque sienten una necesidad particular de ir un paso más allá, innovar, aprender, remover, renovarse, crear, producir, ganar, tener éxito.
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Por supuesto, no me malinterpretes. No estoy diciendo que no se puede tener éxito ni crecer aquí. Solo estoy diciendo que algunos deciden buscar el éxito en otra parte porque tal vez piensen que lo harían mejor allí. Es una decisión muy personal.

Pensemos en la música y las idiosincracias. Ya sea que hablemos del tipo de música, o del tipo de baile, o de las letras de las canciones, o de los arreglos musicales, o de los escenarios de los conciertos, o de la coreografía, o de los efectos especiales, o de la vestimenta, todo emana de la idiosincracia de las personas. Compongo con una idiosincrasia, escucho con una idiosincrasia, vivo con una idiosincracia, me relaciono con una idiosincracia, me influye la idiosincracia de los demás.

Si meto la mano en un bolsillo, saco tres tipos diferentes de dulces, abro mi mano y te los muestro, y digo: "¡Sírvete!", seguramente escogerás uno y dirás: "Gracias". Lo mismo sucede con la música que propalan los medios de comunicación. Le ofrecen a las personas cierto tipo de música, la gente se habitúa a ello y cambia de dial de derecha a izquierda, pero escogerá de entre las opciones que se les ofrece. Poco a poco se acostumbran a un sonido, a una clase de letras y poemas, a un ritmo y a una cultura. Otros no se dejan arrastrar por cualquier suerte de sonido, sino buscan y seleccionan lo que quieren oír basándose en parámetros que tengan sentido no solo para sus oídos, sino para su desarrollo. Unos se dejan llevar por la corriente y no les importa que los medios moldeen su manera de pensar; otros vigilan la corriente teniendo en cuenta el enriquecimiento de su personalidad.

¿Nunca oíste en las noticias casos de asesinato y hasta suicidio que aparentemente fueron provocados por el hábito de oír música degradante que apologizaba la rebeldía, el desorden y el crimen? La música tiene poder, y lo que resulta depende de cómo nos dejamos influir por ella. Si nos habituamos a oír música degradante, la degradación nos absorberá y consumirá dando como resultado sentimientos y actos negativos; si nos acostumbramos a oír música edificante, cultivaremos nuestra personalidad y produciremos obras de las que podamos disfrutar con el paso de los años. Mucha gente que termina mal se dice a sí misma: "Yo no debería estar aquí. Debería estar disfrutando de mi vida como los demás", pero no reflexionan en cómo terminaron así. Lo mismo sucede con la música. Puede llevarnos hacia arriba o hacia abajo, hacia el este o al oeste, al norte o al sur, hundirnos o sacarnos a flote. Mucho depende de la idiosincracia que hayamos cultivado.

Si en una región del mundo se acostumbra destacar las guitarras en una grabación, los ingenieros de grabación destacarán las guitarras; y si en otra se acostumbra no darle mucha notoriedad al baterista, opacarán al baterista. Lo harán casi por instinto. Por ejemplo, el típico sonido de un huayno bien peruano o el de un vals, o el de un tango bien argentino, o el de una polka tirolesa, cada cual tiene su estilo, su sabor, su olor.
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Lógicamente, algunas personas se sienten más atraídas por la idiosincracia de otras regiones que por la suya, como, por ejemplo, cuando alguien se muere por irse a vivir al Polo Norte, o si vive en el Polo, irse al Ecuador. No me refiero al clima, sino a la idiosincracia. Todos necesitamos una raíz que nos soporte. Si no tenemos raíces, o si las que tenemos nos incomodan por alguna razón, terminamos injertándonos a quienes posean una raíz fuerte. Si por algún motivo a alguien no le gusta su aldea o país, querrá injertarse a otra aldea o país.
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Las personas en general se sienten atraídas por la manera de ser de la gente en general. Por eso, algunos estadounidenses dirán: "Perou ser muy bonitou, muy tranquilou, mi gusta mucho", mientras que un peruano tal vez diga: "Este país no me gusta. Quiero irme a vivir a Estados Unidos". Y si realizan su sueño, no tienen mucha dificultad para adaptarse a su idiosincracia, aceptando e incorporando todos sus defectos y virtudes.
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Por eso, una de las primeras cosas que le impuse a la disquera como condición para el lanzamiento de mi música fue que guardaran silencio y no dijeran de dónde provenía. Una vez en el aire, después de haber creado el impacto suficiente, se dijo que había sido producido en el Perú, entonces fue más soportable para todos.
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De lo contrario, no hubiese sido raro que solo Nelly Mendívil Castro, de Radio Miraflores, difundiera la música de Zulu. Hoy nadie menciona a Nelly, pero si no hubiera sido por ella, muchos ni siquiera hubiesen llegado a ser oídos jamás, yoni incluido.
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Tanto los músicos como los dueños de las disqueras, los ingenieros de grabación y todos aquellos que intervienen en la promoción y difusión de una producción musical son movidos o llevados por cierta idiosincracia, y el trabajo final es en gran parte su reflejo. Esa es una razón por la que la calidad de ciertas producciones suele ser tan diferente de muchas que vienen del extranjero.
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Un cantante pudiera tener la mejor intención de grabar un disco, pero no se explica por qué su disco no pegó, o ni siquiera lo pusieron en la radio. ¡Es en gran parte por la idiosincracia! Probablemente la grabación, el arreglo, los músicos, la letra, el momento o el tipo de música no fueron los más indicados; o quizás la gente en general no apreció el trabajo. ¿Hubieran reaccionado igual si no se les decía que el trabajo provenía del Perú? Tal vez. Pienso que muchas cosas son relativas.
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Por ejemplo, una producción de jazz, por muy buena que sea, no tendrá tanta acogida en Lima como en los Estados Unidos, donde hay muchos cultores del jazz. Lo que sería la cumbia para Colombia. Pero si los instrumentos están desafinados, seguramente aunque no aceptarán cierta canción en Inglaterra, tal vez la aceptarían en Lima (no es secreto que "en esta parte del camino", como diría el Tío Johnny, muchos somos desorejados y a veces no nos damos cuenta de las diferencias cuando una voz o un instrumento desafina, especialmente al cantar el himno).
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Hay quienes intuyen que algo anda de cabeza en algunos sitios cuando se tolera un coro desafinado y, no obstante, le hacen fuchi a una buena producción en la que todos los instrumentos están en su punto. Ripley's!
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Por ejemplo, ¿de qué sirve un ingeniero de grabación que es desafinado, desacompasado, impuntual, apático y falto de criterio musical? Tal vez sea un experto en la instalación y mantenimiento de los equipos, pero eso no lo califica como persona idónea para la ingeniería de grabación. Es como darle un violín a un loco.
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La ingeniería de grabación debiera ser eso precisamente, ingeniería. No se trata de simplemente realizar una grabación, sino de aplicar el ingenio a fin de explotar todo el potencial que tiene la composición musical, los instrumentos, la acústica, la reverberancia, las pausas, los ecos, los acordes, la relación entre unos y otros, etc. Un ingeniero no debería estar allí capturar el sonido y darle gusto al productor, quien a veces no sabe nada de música, sino para efectuar una verdadera ingeniería del sonido, de modo que contribuya con sus recursos humanos al éxito del trabajo.
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¿Qué se puede esperar de una producción de alguien que no tuviera criterio de ingeniero, o ni siquiera tuviera nociones de música, máxime si el productor, el dueño de la disquera o el propietario del conjunto musical es un desorejado que no entiende la diferencia de un semitono? De ahí la importancia de invertir en recursos humanos idóneos para cada producción, para que los resultados sean siempre satisfactorios, no solo para el productor y el dueño de la disquera, sino para todo al que le gusta la buena música.

Por ejemplo, se supone que un ingeniero debe aplicar el ingenio para resolver problemas, crear procedimientos novedosos que hagan la vida más sencilla y feliz. Sin embargo, los estudiantes de cierto centro de enseñanza de ingeniería tal vez salgan de clases y generen un terrible caos vehicular al abordar los vehículos de transporte en cualquier lugar de la avenida, en vez de dirigirse a los paraderos establecidos por la autoridad. ¿Futuros ingenieros generando caos? Contradictorio, pero real. ¡Es la idiosincracia! Lo mismo sucede con la música.
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La mayoría de las veces no se trata de que los equipos son malos, antiguos u obsoletos; o nuevos o de última generación, sino de la manera como se los usa. En otras palabras, de la idiosincrasia del ingeniero de grabaciones, del director musical, del arreglista, de los músicos y/o del productor. Alguien tiene que decidir cuándo el producto está terminado, o si es que se necesita alguna mejora antes de su aprobación, y eso depende de muchos factores.
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¿Es que realmente está terminado? ¿O es que así como está me gusta a mí? ¿O es lo que quiere el productor? ¿O así les gusta a los fans? ¿O tal vez la idiosincrasia del ingeniero no da más? ¿O la capacidad de los músicos es muy limitada? ¿O es que el estudio de grabación es caleta, se cuela el ruido y nadie puede estarse callado en la mesa de control, hablando estupideces, como un cirujano que, durante una operación, se poner hablar del partido de fútbol del fin de semana? ¡La lista de factores y variables es interminable!
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Por eso, algunos músicos prefieren capturar el sonido de la mejor manera y con el mejor equipo en un estudio de grabación, separando cada elemento en una pista diferente, pero llevarlo a otro estudio para su ecualización, y aún a otro, para ir plasmando las diferentes etapas del disco. No tanto porque los equipos con que cuentan sean malos, sino porque la idiosincracia de quienes los manipulan, según cada paso del proyecto, se recubre de cierta influencia emocional o intelectual que limita su labor y les dice: "¡Quedó muy bien!", cuando en realidad pudo haber salido mucho mejor. A veces no se cuenta con la idiosincrasia necesaria para lograr un rendimiento más exigente. No puedes pedir peras al olmo.
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Esa es la razón por la que los profesionales que siguen cierta carrera hacen el esfuerzo de viajar al extranjero para seguir sus estudios. Por ejemplo, un fisiatra tal vez viaje a Francia porque piensa que allí encontrará un mejor nivel de enseñanza en lo que se refiere a kinesiología. No es que menosprecie su país, sino que alguien le dijo que en Francia encontrará gente más experimentada en dicho campo.

Piensa: ¿Cuántas escuelas de primaria cuentan con un buen piano? Y si lo tuvieran, ¿cuántos maestros experimentados hay para enseñar el curso de música? ¿Cuántos padres podrían afrontar el costo de un buen violín, un arpa o un saxofón? Hay países donde en una sola universidad hay varias orquestas. De modo que no estoy soñando. Es una realidad. La corrección musical no es el resultado de la casualidad, sino de un esfuerzo concertado por querer desarrollar en este sentido. No es raro que el curso de música sea relegado a un plano inferior del interés general, siendo un componente básico de la idiosincracia.

Con las grabaciones sucede algo similar. Los equipos con que hoy cuentan los estudios de grabación, y hablo de la mayoría de países del globo, son superiores a los que usaron los Beatles en su época, pero la calidad del sonido es a veces inferior. ¿A qué se debe? Por supuesto, en parte, a la capacitación, es decir, al estudio, al entrenamiento y a la experiencia del ingeniero de grabación, pero más que nada, a su idiosincrasia, a lo que le parece que está bien o mal.
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Si el músico no tiene muchos conocimientos ni experiencia de grabación, probablemente diga: "¡Mi trompeta está fabulosa!", cuando en realidad está desafinada o chillona. O si el productor solo piensa en el dinero y no tiene ninguna noción sobre calidad sonora, tal vez diga: "Ya. Es suficiente. Las horas de grabación me cuestan un ojo de la cara. Déjenlo ahí nomás y comiencen a venderlo". O si el ingeniero no entiende el tipo de música que tiene entre manos, tal vez se limite a capturar los sonidos sin tener en cuenta adónde apunta la mentalidad del mercado al cual va dirigido. Hay demasiados factores envueltos.
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También está la aceptación del mercado. Por ejemplo, si enviamos a los Estados Unidos, a España o a China a los mismos músicos que graban un vals peruano en Perú, y lo trabajan allá según la idiosincracia del lugar, y después lo presentan en el mercado peruano, muchos dirían que le falta sabor, porque probablemente carecería del espíritu al que la mayoría de los peruanos estamos acostumbrados. Por el contrario, tal vez haya peruanos que vivan en China, España o Estados Unidos que han incorporado a su mentalidad la idiosincracia de esos países, que dirán: "¡Qué lindo!".
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No fue por gusto que El Virrey trajo a Gerd Nickau en un tiempo en que se necesitaba con urgencia alguien a quien injertarnos a fin de pasar al siguiente nivel de experiencia grabando. A mí me gustó mucho la producción de los Belkins, por mostrar un ejemplo de tantos. Sonidos únicos, característicos.
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Bastaba oír los primeros compases para saber que se trataba de ellos, y exclusivamente de ellos. Nítidos en todo sentido. Pero no quisiera ser malinterpretado. No estoy diciendo que antes que viniera Gerd no había calidad. Por ejemplo, los arreglos de Peter Delis y la calidad de grabación de "El llavero y mi corazón", de Kike Martino, eran bastante buenos para su época. Y Rulli Rendo no se quedaba atrás con sus producciones. Un tipo exigente que realmente se esforzaba por obtener lo mejor de lo mejor.
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De modo que la idiosincracia juega un papel importantísimo en cualquier producción musical, ya sea la del intérprete, de los ingenieros de grabación, del director musical, del arreglista, del productor, del dueño de la disquera, de los medios de comunicación o del marketing.
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Si todos tienen una misma idiosincracia y armonizan, como en una Mente Maestra, sus decisiones, el trabajo concordará más con lo que sería más deseable. Pero si tienen diferentes idiosincrasias y se la pasan discutiendo de todo, el trabajo tal vez no dé en la yema del gusto de ninguno de ellos.
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Por ejemplo, al que solo le interesa el dinero, le bastará con que se venda cierta cantidad de discos, para recuperar su inversión y salir ganando; a quien solo le interesa que a fin de mes le paguen su salario por haber realizado las grabaciones, le bastará con sentarse y mover los controles de aquí para allá hasta que alguien le diga: "Así me gusta, déjalo ahí", aunque no llene los requisitos de la calidad. Y a un fan tal vez le guste cómo se oye en el estudio, pero no tenga capacidad técnica para proyectarse hasta el trabajo final, es decir, cuando se plasme finalmente en el disco. El resultado corresponderá a su manera de pensar.
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De manera que para una producción musical intervienen muchos factores emocionales que dependen de la idiosincracia de los individuos implicados. Si todos tienen la misma idiosincracia, las actividades de grabación, edición y decisión armonizarán con los mejores resultados posibles; pero si ninguno está de acuerdo, porque sus emociones, basadas en diferentes idiosincrasias, interfieren constantemente, los resultados dejarán mucho que desear.
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Por eso, el productor no solo debe convocar a los músicos que tienen una idiosincracia que concuerde totalmente con el proyecto, sino escoger el estudio de grabación y hasta el ingeniero de sonido que será idóneo para los efectos ("The right man in the right place"). Porque tal vez un ingeniero sea altamente capacitado para capturar los sonidos, pero no tenga el espíritu requerido para hacerlo de un modo que resulte en el éxito del proyecto. Todo debe armonizar.
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Por ejemplo, si un médico está yendo en su automóvil a atender una delicada operación de urgencia, y se cruza en su camino un tipo que lo insulta dolorosamente, baja de su auto, lo toma de las solapas y lo sacude a su regalado gusto, estresándolo al máximo, ¿en qué estado ingresará ese médico a la sala de operaciones? No podríamos esperar el mejor desempeño. Ha sufrido un ataque a su amor propio. Su subconsciente tiene un milkshake de emociones. Algo similar sucede con una grabación. Todos necesitan contar con la emociones adecuadas para el trabajo.

Cursos de psicología y motivación que impliquen el manejo eficaz de las actitudes son imprescindibles en la carrera de ingeniería de sonido. No basta con enseñar a los estudiantes el manejo de los equipos y las leyes físicas que los mantienen en óptimo funcionamiento. Hay un universo de emociones con las cuales lidiar durante una producción musical, no solo para impedir que interfieran negativamente, sino para sacarle el mejor partido. No es lo mismo decir: "Está horrible" que "Lo hiciste bien, pero creo que puede salir un poco mejor si le hacemos esto y esto". La actitud es fundamental.
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Una vez, un amigo me dijo: "El peor de todos es el bruto entusiasta". Y siempre lo he comprobado. Una persona puede desbordar de entusiasmo, pero si es bruta, causará una desgracia; y si es extremadamente inteligente pero carece de entusiasmo, ocasionará una desgracia proporcional. Un dicho reza: "Si le pides su opinión a un burro, atente a las consecuencias".
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Por eso, los estudios de grabación profesionales no solo deben ofrecer un equipo de última generación, con aire acondicionado, rayos láser y la última tecnología, sino el valor añadido de un personal conmentalidad constructiva que se desempeñe nada menos que profesionalmente, es decir, que sepa incorporarse inteligentemente como un elemento más de la Mente Maestra del proyecto. No es suficiente con que el ingeniero posea un diploma de la mejor universidad o instituto. Debería contar con una idiosincrasia que corresponda con el tipo de trabajo.

Una vez vi cierta colección de fotografías y noté que todos los rostros eran serios y carentes de expresión. Me pareció rarísimo. Me preguntaba: "¿Es que no hay uno que sonría?". Entonces, me presentaron al fotógrafo. Era un tipo cara de palo que no se reía de nada. Sus fotos eran el fruto de su idiosincrasia, y también de la idiosincracia. Algo parecido sucede con una grabación si el ingeniero de sonido es emocionalmente inteligente. Por eso me siento honrado de haber contado con la asistencia de gente abierta y constructiva para mis grabaciones.

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Es como decorar un escaparate. No es lo mismo que lo decore una persona que ha vivido toda su vida entre decoradores, recibiendo toda la influencia de dicho ambiente, y una persona que nunca tuvo la menor idea de lo que significaba la decoración de ambientes pero se inscribió en la universidad porque la carrera le gustó. Aunque ambos graduados hagan un buen trabajo, se notará una diferencia que delatará su respaldo cultural.
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Dicho de otro modo, ocurrirá como cuando alguien inscribe a su hijo como Jhon, porque piensa que la "h" modifica el sonido de la "j" de modo que suene como "y", pero nunca leyó escritos en inglés que indican que la manera correcta de escribirlo es John y no Jhon. Y lo mismo podemos decir de Charlie's y Charlies, Alexis' y Alexis's. Todas esas sutiles diferencias tienen que ver con la idiosincracia... con la cultura general.
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A menos que uno descargue a su computadora el programa apropiado, no podrá realizar las funciones que desea. Por la misma razón, a menos que uno incorpore en su vida cierta idiosincrasia, no puede armonizar con la idiosincracia general. Y la idiosincrasia no es un vestido que se pone o quita de un día para otro, sino un sedimento emocional que va quedando en el fondo de la personalidad a medida que uno se expone a cierto ambiente, como cuando uno se queda dormido bajo un sol ardiente. Las quemaduras evidencian dónde estuvo.

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¿A veces, no hemos subido a un vehículo de transporte público y hemos escuchado una canción tan desgarbada y desagradable que miramos al conductor y nos preguntamos: "¿Qué tiene ese tipo en la cabeza?". ¡Es su idiosincrasia! Luego pensamos: "Pero ¿por qué se lo permiten? ¿Por qué nadie le dice nada? ¿Por qué no le exigen que cambie esa música horrible?". La respuesta es: Por su idiosincrasia. Los pasajeros también tienen una idiosincracia. Si observas con cuidado a las personas, probablemente más de una está llevando el compás con su pie.
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No es imaginario. En una ocasión, subí a un vehículo de transporte público y oí una música cuya letra era realmente tan asquerosa que me bajé inmediatamente. Pero antes de reaccionar, noté que una viejita estaba llevando el compás con su pie. Y me pregunté: "¿Cómo es posible que a esa señora le guste esa música?". Otra vez, su idiosincracia. Por eso ahora muchos prefieren llevar su propia música. Se ponen unos audífonos y listo, se liberan de los gustos del chofer.
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La idiosincracia juega un papel clave en cualquier producción musical. Por eso, todos deberían estar interconectados en un mismo sentir musical a fin de hacer un buen trabajo. Lógicamente, si no encontramos los equipos, la idiosincracia u otros elementos necesarios, tal vez tengamos que remitirnos a capturar el sonido de la mejor manera y llevárnoslo a otro sitio para que lo terminen quienes tengan la idiosincracia requerida para esa clase de producción, ya se trate de una orquesta sinfónica, una banda de rock, un trío criollo o de un ensamble de jazz o new age.
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Por ejemplo, cuando relumbró en la mente de Wang Xiao-Jing, el padre de la música rock de China, la idea de formar Twelve Grils Band, realizó un casting de aproximadamente 4000 chicas, de las cuales seleccionó solo a 13, todas preciosas y con un sofisticado entrenamiento en música clásica, procedentes de conservatorios de música tales como la Academia de Música de China, la Orquesta Nacional de China o del Conservatorio Central de Música, de China.
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Para el proyecto, todas debían inspirarse en el arte del Yue Fang, de los años 618 al 907 de nuestra era. Wang Xiao-Jing fue realmente muy exigente al tener en cuenta la idiosincracia de sus chicas y reunir su Mente Maestra musical para lograr el éxito que buscaba. Twelve Girls band toca piezas complicadas aunque las tocan de memoria. Ninguna de ellas lee la partitura durante una ejecución. Son increíbles. La embajada de China debería traerlas de vez en cuando para verlas y oírlas en persona.
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También cuando se mezclan idiosincrasias puede obtenerse un efecto increíble si se armonizan adecuadamente, como hizo Yoshida Brothers, de Japón. Ellos usan una especie de banjo de solo tres cuerdas cada uno. El sonido de este instrumento es seco, un instrumento tradicional muy antiguo. Pero combinándolo con instrumentos modernos, con arreglos adecuados y un manejo muy profesional de los ingenieros de grabación, así como de los realizadores del video, logran sorprender al mundo con sus interesante interpretaciones.
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¡Quién lo creería! Solo a un loco se le ocurriría fusionar el rock moderno y sus instrumentos con la música ancestral japonesa y sus instrumentos. Y lo mismo puede decirse de Rin', otro grupo japonés, compuesto por Mana, Tomoca y Chie, tres exalumnas de la Universidad Nacional de Bellas Artes y Música de Tokio. Mana comenzó pensando en su idea y convocó a Tomoca, luego Chie se les unió y nació Rin'. Su afiatado sentido musical no es otra cosa que un subproducto de lo que denomino su idiosincracia. La embajada de Japón debería traerlas de vez en cuando para mostrarnos su arte.
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De modo que no es verdad cuando alguien dice: "Eso no aplica a nuestra realidad", porque la verdad es que cuando las cabezas toman buenas decisiones, todo es adaptable, todo es favorable, todo es manejable, todo es creativo, todo es excelente, todo es productivo, todo se convierte en un rico yacimiento de recursos humanos.
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Por eso, cuando toco este tema, me agrada citar a Miyata Ryôhei, Presidente de la Universidad Geijutsu Daigaku de Tokyo, que una vez dijo:"Para evaluar apropiadamente lo que vemos, debemos tener un ojo discernidor. Las circunstancias que nos rodean cambian rápidamente [y] a menos que nos reflejemos incesantemente en nosotros mismos y en lo que nos rodea, y nutramos nuestro ojo discernidor mediante el diálogo continuo con los demás, dejarán de brotar los capullos de nuestra creatividad y nunca explotaremos todo nuestro potencial."
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Aquí Miyata no solo está hablando bonito, sino explicnado que existe una estrecha relación entre las relaciones humanas y la explotación del potencial de la creatividad de las personas, especialmente de los niños.
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La idiosincracia es la clave: Todos los que intervienen en la producción deben tener una misma idiosincracia, o en su defecto, armonizar adecuadamente sus diferentes idiosincrasias. De lo contrario, la producción dejará mucho que desear.
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Me costó mucho trabajo realizar mi disco en Lima en 1974. Llegué con ideas que no se habían llevado a cabo antes. A cada rato sacaba de cuadro al director musical de la disquera. Él parecía pensar que se habían excedido al darme tanta libertad de acción, y yo realmente me salía de cuadro en cuanto a lo que tal vez se esperaba. Me costaba mucho responder la pregunta: "¿En qué estilo calificarías tu música? o ¿Qué género tiene tal canción?", porque ni siquiera yo mismo lo sabía. Simplemente ponía todo por obra lo mejor que se me ocurría, contando para ello con el mejor equipo electrónico de la época y con el mejor personal de que disponía la disquera.
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Por ejemplo, para "Candela" solicité un músico celista de la sinfónica para que tocara una nota. "¡Una nota!", exclamó Varis después que dije: "¡Queda!". Era un viejito que llegó al estudio con su celo en un estuche. Entró a la sala de grabación, pasamos la pista y le pedí que, llegado el momento, le indicaría donde tocar cierta nota, una sola, larga y sentida. Oyó la pista y tocó una vez. Entonces, pedí que grabaran. El viejito deslizó hábilmente su arco en el lugar que le indiqué y quedó perfecto. Entonces oímos el resultado, me gustó mucho y le dije: "Muchas gracias, señor. Ha quedado perfecto. Eso es todo. Gracias". El hombre se quedó patrificado en su sitio, con su arco en ristre, y exclamó con gran admiración:
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- ¡Qué! ¿Eso es todo?
- Sí, señor, lo ha hecho muy bien. Quedó perfecto.
- No puede ser. No puedo creerlo. ¿Para esto, nomás, me han hecho venir hasta acá?
- Sí, señor, pero se le pagará lo mismo que si hubiera grabado una hora, ¿qué le parece?
- Ustedes están locos, cada vez más locos. No entiendo a esta juventud.
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Me dio pena que aquel hombre no sintonizara con mi idiosincrasia y que menospreciara tanto la importancia de una sola nota musical, pero así eran las cosas. Yo necesité una nota de celo para esa parte de la canción, solo en esa parte, y no había vuelta que darle. Creo que fue después de aquel incidente que la disquera compró un Moog. Tal vez para que no volviera a molestar a los de la sinfónica con pedidos tan extraños, o para que les saliera más barato, jajajaj. "Locuras del Zulu", decía Jorge Trujillo, que se mataba de risa con cada una de mis rarezas.
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Mi idiosincrasia era a veces devastadora para algunos. Un día estábamos grabando y dieron permiso para que varios periodistas ingresaran a la sala de control para que vieran cómo trabajaba. Yo arrimé uno de los biombos acústicos y lo coloqué justo frente a la ventana principal, bloqueando la visión.
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Víctor Reyes se fastidió, porque me dijo que necesitaba el contacto visual, pero le expliqué que no me gustaba que me estuvieran observando mientras grababa. Aquellos periodistas se sintieron ofendidísimos y me tomaron fastidio; y la disquera se dio cuenta de que debió consultarme antes. No estaban tratando con una persona tan manipulable como pensaron. En fin...
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Y no es menos importante, sino todo lo contrario, cuando se trata de hacer publicidad. Por eso no puedo terminar este artículo si no menciono el trabajo denodado y profesional de estudios que han atravesado la historia de la música en el Perú desde sus comienzos hasta ahora, como Elías Ponce Estudios, y de cantantes y compositores de publicidad como Los Gorrioncitos (muchos recordamos el gingle "¡Radio Libertad, la primera emisora musical del Perú!"). Ellos hicieron gingles que fueron de los más reconocidos por muchísimos años. Siempre desbordando creatividad.
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Empresarios, productores, compositores, intérpretes, arreglistas, ingenieros, técnicos, periodistas, medios de comunicación, todos juegan un papel muy importante en el desarrollo de la idiosincracia y la música en el Perú.
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Pero finalmente son los músicos los que fuerzan los cambios. Porque ellos son los exigentes, ellos son los que presionan, ellos son los que dan la cara, ellos son los que se juegan su reputación, ellos son los que sufren el maltrato de una gira, ellos son los que soportan la incomodidad que, sin querer, les producen sus admiradores, ellos son los que están en el ojo de la tormenta, ellos son los que friegan y friegan para que los demás suban al siguiente peldaño de la calidad.
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Por eso, pienso que la idiosincracia es el factor clave de cualquier producción musical. Me hubiera gustado tener en cuenta este punto en 1974 a fin de dirigir más eficazmente los esfuerzos de todos aquellos que intervinimos en el proyecto del LP Zulu. Mil disculpas por tanto ruido e interferencia. Mi cerebro necesita más Dolby y menos Digital Delay.

*IDIOSINCRASIA: Rasgos, temperamento, carácter, etc., distintivos y propios de un individuo o de una colectividad. IDIOSINCRACIA: Dominio o control por el predominio de una mentalidad colectiva distintiva.

1 comentario:

  1. Anónimo10:15

    Eso me enseño un profesor de música, hay que repetir la nota hasta encontrar la más adecuadad así saldrá una grabación de calidad.

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