Mi barrio

Decir "mi barrio" no es tan simple para mí porque a lo largo de mi vida frecuenté varios.

Mi primer barrio

Mi primer barrio fue la cuadra donde vivía, la 12 de Camino Real, mi casa era la 1266. Nos mudamos allí cuando yo tenía más o menos 5 años, de modo que estamos hablando de 1956 en adelante.

Pedrito Ruiz

En la esquina, junto al grifo, vivía Chally. Su prima, Moni, no vivía allí, pero muy pronto se convirtió en parte del barrio. Al lado de mi casa vivía Mari, y en mi casa, mis hermanos menores Pilar y Pedro y yo. Mis hermanos mayores tenían 15 ó más años más que nosotros y andaban en sus cosas.

A la derecha de mi casa, en el edificio, vivía Andrew, al fondo, en el primer piso. Y al frente, en el primer piso, los hermanos Norberto, Frankie y Jackie. En los altos vivían los esposos Ingunza. Anita, su sobrina, los visitaba de vez en cuando y jugábamos mucho, sobre todo, a las escondidas. Ella, Jackie y yo éramos casi de la misma edad. Norberto, Frankie y Jackie eran judíos alemanes y tenían una disciplina estricta, sobre todo el papá. Ellos me enseñaron a comer.

Yo era muy quisquilloso cuando se trataba de llevarme los alimentos a la boca. Pero con Herr Rosenthal no se discutía. Lo que me servían, eso comía, aunque fuera ensalada con azúcar o bolas de sémola. ¿Por qué? Porque creo que la primera vez que me invitaron a almorzar su papá dijo algo así: "¡Al que no come toro su comida, lo mato!", y me la creí. Calladito comía todo. También me invitaban a menudo al Club Lobos de Mar, al sur de Lima, donde nos bañabamos en la piscina.

Otra cosa aprendí de Herr Rosenthal fue a caminar. Yo era chueco y caminaba con las puntas de los pies hacia dentro. en cambio, él caminaba muy erguido, como queriendo olfatear las estrellas, balanceando sus largos y delgados brazos hacia los lados, con las puntas de los pies hacia fuera, es decir, exageradamente hacia fuera. Se veía imponente. Su modo de andar contrastaba tanto con el mío que yo lo miraba disimuladamente y me preguntaba por qué yo metía las puntas hacia dentro. Me sacaba de cuadro.

Estamos hablando de cuando éramos unos niñitos inexpertos. No recuerdo que mis padres alguna vez se sentaran a mi lado para explicarme lo bueno y lo malo. Supongo que tampoco mis amiguitos tuvieron esa ventaja. En aquellos tiempos, todo era tabú. Solo sé que me daban unos picantes correazos cuando veían que hacía algo que ellos consideraban malo. Pero nunca me explicaron por qué yo andaba chueco ni cómo corregir mi modo de andar. Gracias a Herr Rosenthal mi mente se puso en fa y comencé a entender: "Si coloco las puntas de los pies como Herr Rosenthal ya no seré chueco. ¡Y funcionó! Corregí mi manera de andar. Listo. Nunca más anduve chueco.

Pilar Pancorvo y María Teresa eran un año mayores que yo. Ellas me enseñaron a fumar cigarrillos Inca en el baño de la casa de Pilar. Maruja, su hermana mayor, me enseñó a decir lisuras, todas las que se te ocurran. Procedíamos de familias muy piadosas, jejej, pero así era la vida. Maruja era una bala perdida. Los Pancorvo vivían al lado del edificio donde vivían los Rosenthal, y una casa más allá vivían Cecilia y Alfredo Broggi. Y en la esquina, Greg White, del Roosevelt, que una vez hizo una alucinante fiesta de Halloween en la que servían, entre otras cosas, sangre de bruja (no te asustes, era refresco helado, Kool-Aid de fresa).

Bueno, un día que montábamos bicicleta, Maruja me retó: "¡A que no me alcanzas, flaco!", y aceleró. Y yo, que todavía no conocía sus infinitas técnicas de manipulación satánica, cedí a la presión de grupo y salí disparado, pensando: "¿Qué se ha creído esta gorda?". Aceleré como un rayo y, exactamente a la vuelta de la manzana la alcancé y estaba a punto de pasarla, pero por voltear a sacarle la lengua y decirle: "Te pasé, gorda", la llanta delantera de mi bici entró en un enorme hueco, que yo no había visto, y la bici se paró de cabeza, como una tabla que se encabusa en el agua, y yo salí volando, como desde una catapulta, y caí con todo el peso de mi cuerpo sobre mi brazo izquierdo. Se me dislocó el codo y me llevaron de urgencia a la Clínica Americana, donde me durmieron, me atornillaron los huesos y me arreglaron una bonita habitación. Ya no quería juntarme con Maruja, jajajaj.

Bueno, ella me hizo otras maldades que no puedo contar, jajajaj, Pero no le guardo ningún rencor. De vez en cuando nos visualizamos y nos reímos de todo. Tiene una hija preciosa llamada Tairí. Simplemente éramos unos niños traviesos, balas perdidas que se escondían para hacer de las suyas. Les sacábamos canas verdes a nuestras madres. Nos daban duro. Con la mamá de Maruja nadie se metía. Desde el punto de vista de un niño, era como si tuviera el 666 en la frente. Uno se andaba con cuidado. Creo que el único que le puso el pare fue su hijo, Augusto. Eso trajo un poco de alivio. Mejor me callo, o cualquier día me rompen el otro brazo.

Mi segundo barrio

Mi segundo barrio fue por la Clínica Americana, cuando empecé a juntarme con Raúl y sus amigos del Roosevelt y el San Silvestre. A Raúl le encantaba patinar en skateboard y nos contagió a todos. En aquel tiempo uno no iba a la tienda y se compraba un skateboard como los de ahora. ¡Uno mismo lo fabricaba desarmando aquellos antiguos patines de metal y adaptándolos a una pequeña tabla que alisaba a su gusto! Los hacíamos de todas las formas. Raúl se hizo uno muy ancho, para hacer tandem.

¿Y cuál era nuestro lugar favorito para practicar? Hoy cualquiera puede ir al parque María Reiche, en Miraflores, y pasarse todo el día saltando por las rampas que la municipalidad acondicionó especialmente, pero en nuestro tiempo no había nada de eso. De hecho, se consideraba un crimen hasta diseñar pequeñas rampas de madera para saltar. Entonces, ¿adónde íbamos? Nada menos que a la Bajada Balta, en Miraflores. Nos dábamos un buen impulso y el resto lo hacía la fuerza de gravedad hasta llegar al puente. Era ideal sobre todo para hacer competencias de tamdem. Nos divertíamos mucho.

Raúl iba más allá. Él se atrevía a deslizarse por la segunda vereda, la que está pasando el puente, que era mucho más empinada. Tomaba impulso y bajaba temerariamente por toda la bajada, cobrando una velocidad vertiginosa, hasta llegar al final. No se arredraba con nada. Simplemente se lanzaba hasta abajo. Y cuando llegaba al final, ¿crees que saltaba del skateboard y salía corriendo como haría cualquiera que amara su vida? ¡Nequáquam! He went all the way, my friend! Se inclinaba bruscamente hacia un lado como todo un profesional, pisaba la tabla con fuerza y la colocaba transversalmente, usándola como freno. Aquellas peligrosas ruedas de metal rechinaban como el infierno mientras se arrastraban de lado los últimos metros. Las chispas saltaban como las ruedas de un ferrocarril cuando le aplican los brakes a fondo, y se detenía. No se bajaba de la tabla sino hasta después de detenerse. ¡Qué bruto! Por un pelo no terminaba de cabeza en el Waikiki. Solo me lo creerías si te mostrara un vídeo, lo sé. Pero los del barrio podemos atestiguar que así era. He was a champ!

Un día, Glicerio Camino (hace muchos años radica en Francia), pasaba casualmente por el barrio, nos vio haciendo piruetas, y nos propuso un trato. Él fabricaba skateboards. Nos daría algunos skateboards a cambio de que hiciéramos exhibiciones en los colegios adonde él nos llevara. Y fue así como Raúl se dedicó más de lleno a ese deporte. Como acostumbrábamos deslizarnos por la bajada Balta, nos habíamos especializado en hacer toda clase de tandems y piruetas. Claro que, comparado a lo que los muchachos hacen hoy, no era nada.

El asunto es que todo eso fue un preámbulo para un deporte más serio: el surf. Raúl Cabada se metió de lleno al mar, y muchos otros del colegio, de modo que ocurrió una división notoria entre los surfers y los que no lo eran. El surf no solo era un deporte, sino una cultura, un modo que vivir. A mí me gustaba el piano y la guitarra, de modo que poco a poco dejé de frecuentarlos. En aquel tiempo, la música recibió una poderosa influencia de The Beach Boys. Fue impresionante. Nuestros hijos no podrían creerlo. Fueron nuestros años maravillosos.

Mi tercer barrio

Mi tercer barrio volvió a ser por mi casa, específicamente en mi casa. Había improvisado un lugar acústico en mi garaje, para ensayar. El piano estaba en la sala, así que allí también ensayábamos. Por estos tiempos conocí a David Levene y a Richie Zellon. Me impresionaba la agilidad con que hacían sus arpegios, cada uno con su estilo.

Mucha gente entraba y salía de mi casa, siempre en conexión con la música. Allí fue donde había nacido "Flushing Choice", y tiempo después, un grupo unplug con el Chato Pereira, Carlos Seibt, Coco Suárez (hermano de Hernando), Andrés Vukovic, Julio Trigo y yo.

Entre las chicas que nos visitaban había una que particularmente me agradaba mucho, de modo que tuvimos una amistad estrecha por un tiempo. En ella mi inspiré después de algunos años para componer "Candela". Cuando me preguntan quién es ella, nunca respondo, para que no la fastidien. Solo diré que era preciosa. Son tantos amigos que no podría mencionarlos a todos sin olvidarme de alguno.

Mi último barrio

Mi último barrio quedaba cerca del colegio María Reina, a la vuelta de la casa de Pipo Castagneto. Allí conocí a Andrés y Jesús Núñez y toda su comarca. Astrid, Viveca, los hermanos Reátegui, los hermanos Gómez De la Torre... Muchos de ellos son "los muchachos del barrio" que participaron en el coro de "Candela", "Si en el cielo yo viviera" y "Sana Camaleón". Andrés había estudiado conmigo en el colegio. Después de clases solíamos andar completamente descomputados de este mundo.

Mi encuentro con la maconha fue tremendo. A veces venían de otros barrios para que, por favor, les armara sus wiros. Porque yo no los hacía toscos, con la punta enrollada, sino casi perfectos, muy similares a los cigarrillos de tabaco. Quedaban muy bonitos y presentables.

Un día, Bruno, un amigo, decidió cosechar una pequeña plantación de maconha, que había sembrado en un jardín, y la desarraigó toda y la puso a secar. Pero ahora había que llevar todo a mi casa. Como el traslado era peligroso, hicimos un pequeño sorteo para decidir cuál de los dos se atrevería. De modo que secamos un poco en una sartén y nos fumamos un par de wiros, y mala la suerte cayó en mí. El paquete era tan grande que me preocupaba (porque iba a llevarlo en un ómnibus de transporte público).

Felizmente, el ómnibus estaba casi vacío y pude sentarme en la última fila. Todo transcurrió sin problemas. Pero en la noche, mientras veía televisión, salté del asiento como un resorte: "¡Ayayay!". Recordé el paquete. ¡¡Lo había dejado en el ómnibis!! Bruno casi me mata. No podía creerme. Por un momento pensó que me estaba haciendo el loco y que había vendido el cargamento. Pero no. Era cierto. Estaba tan turri que me había bajado del ómnibus sin el paquete. Qué amargo. hasta ahora recuerdo su expresión, cuando me dijo: "¡¡Cómo pudiste ser TAN imbécil!!". De la mejor clase.

Mi encuentro con la Biblia

Era interesante que aunque solía comprar papel de arroz para armar mis pitos de marihuana, a veces me quedaba sin papel, de modo que seccionaba en cuatro una hoja de la Biblia y con eso resolvía el problema. Pero como era la Biblia, supuestamente un libro sagrado, solía leer, por respeto, la porción que quedaba visible, por ejemplo, "Bienaventurados los mansos...", etc. Entonces lo encendía y fumaba.

Pero cuando ya me había terminado una buena sección del Antiguo Testamento, comencé a sentir más respeto hacia aquel libro y dejé de armar los wiros con papel de Biblia. En realidad, en el colegio me habían hablado de la Biblia, pero jamás de una manera que me inspirara tal respeto que lo considerara especialmente sagrado. El resultado fue que, cuando debí respetarlo, no lo hice como debía.

A lo largo de mi vida tuve varios barrios e hice muchos amigos. Pero cuando me retiré de la música, de la farándula y de los amigos que fumaban, tuve que empezar de nuevo. Había perdido el espíritu del mundo, y mis amigos ya no parecían disfrutar tanto de mi compañía, porque andaba hablando de la Biblia y porque me había vuelto un zanahoria (sano). Dejé de fumar, de hablar malas palabras y de perder el tiempo. Senté cabeza.

Sin embargo, cada barrio tuvo su atractivo, su gente, su momento y su historia. Disculpen por favor si no he mencionado a todos, pero no los he olvidado (Mito Bernós y Javier [Pajarito] Otero fueron los muchachos más sanos que conocí). Creo que tantos amigos no cabrían por la cantidad. Pero los llevo conmigo, no los he olvidado. Ya no es como antes. Ahora los barrios se hacen y se prolongan en Facebook, Twiter, etc., cosas de la modernidad.

14 comentarios:

  1. maru05:16

    ¡Hola, Zulu! Es la trecera vez que trato de escibirte para decirte que yo y toda la familia te recordamos con mucho carino. Tenemos anécdotas contigo, con los Rosenthal, tus hermanos, etc. A lo mejor este comentario también se borra escribeme. Llámame. Ya no te voy a enseñar las lisuras que ahora sé en otros idiomas, ni te voy a retar a hacer carreras ni otras maldades que tengo aquí en mi stock. Encontré a algunos de nuestros viejos amigos en la web, con sus fotos. Te dejo mi telf.

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  2. ¡Hola, Maru! You all are always in my heart! Sí, dicen que los viejitos siempre recuerdan todo. En aquella era paleolítica éramos unos niñitos muy traviesos, pero me hubiera gustado que mis papás me enseñaran muchas cosas que debieron enseñarme, por ejemplo, a no juntarme contigo, jajajaj. Eras la reina de las travesuras. ¡Qué mente para diabólica! Éramos realmente muy traviesos.

    ¿Te acuerdas cuando cantábamos: "¡El Club 'El Vecino' es el mejor de todo el barrio de Camino Real!"? (¡Qué caro se puso el Sublime ¿no?!).

    Bueno, ya le pedí perdón a Dios por todas mis maldades (y por las tuyas también, no te preocupes). Deseo de todo corazón que no te vayas al infierno. De hecho, constantemente le pido por todos los que alguna vez fueron parte de mi vida. Los tengo presentes a todos y cada uno. ¡No los puedo sacar de mi cabeza! Jajaja. Solo espero que Su misericordia no se quede corta conmigo.

    Me rompí un brazo por tu culpa, pero siempre te quise mucho. Y me acuerdo de otras maldades inenarrables que se te ocurrían. Te voy a acusar con tus nietos y les voy a contar todo lo que no te has atrevido a contarles, jajaja, mentira.

    Éramos unos verdaderos ignorantes del peligro, unas pequeñas bestias salvajes indomables (sobre todo tú, que eras mayor que todos), pequeños embajadores del terror. Pero sobre todo, y creo que esto es lo más importante, éramos inocentes. No sabíamos nada de nada. Nos dejábamos llevar por los instintos (los más bajos, claro). Tu hermana Pilar y María Teresa me enseñaron a fumar en el baño de tu casa, y no paré hasta los 21. Ahora sí le voy a contar a tu mamá, vas a ver. Ahora no fumo ni siquiera la pipa de la paz.

    Bueno, aquellas lecciones de fumarola no fueron tan inocentes, porque me capacitaron para entrarle después con fuerza a la marihuana, la cual llegué a fumar en cantidades industriales.

    Felizmente, dejé todo eso a más tardar a los 21. Ahora solo fumo el humo de los autos, sobre todo, el de las combis asesinas, jajaja (hablo en serio), y antes volaba con LSD, ahora vuelo con colesterol (del malo). Ahora le entro a la palta y al aceite de oliva.

    Cuando éramos niños todavía existía la inocencia. No como ahora. En aquel tiempo los niños armábamos nuestros propios skateboards con clavos y martillos, adaptando patines de metal a una tabla. Hablábamos por teléfono con pitas y latas, soñábamos con la televisión a colores, bailábamos chick-to-chik. Ahora me parezco a mi abuelita, que todo me escandaliza.

    La diferencia es que hoy los niños están matándose literalmente con drogas potentísimas, juegan con artefactos muy peligrosos y llevan los records a niveles cósmicos. Antes uno iba al circo a ver cómo montaban bicicleta los malabaristas. Hoy lo ves en cualquier barrio.

    En fin… como digo: “Es su mundo”. Ahora jovencitos de corta edad entran al colegio, entran al salón de clases, dicen: “Good morning, Miss”, sacan una metralleta y pulverizan a todos sus amiguitos, ¡y se tiran al teacher como si nada! Too bad! Dios mío, no quiero imaginar como hubieras sido tú si hubieses nacido en esta época, pasu!! Pobres tus nietos, qué hubieran pensado de su abuelita.

    ¡Saludos a Tairí! ¡Lindos ojos!

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  3. Moni20:51

    Hola Zulu

    "¿Qué fue de tu vida?", frase memorable que estarás cansado de responder. Soy Moni, prima de Chally. Me encantó saber que Andrés te había encontrado y quise saludarte también. ¿Qué es de Pilarica? ¿Vive en Lima? Me llama la atención no leer sobre "El Conde", nuestro querido Alfonso. Espero tu respuesta.

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  4. Hooola, Monina!

    Qué agradable saber de ti. Siempre te recuerdo, por supuesto. Todos buenos y lindos recuerdos. ¡Tienes nombre de plata! Y me acuerdo de Tencha y de Tere, Teté, Chally y de todos ustedes. Los tengo presente.

    Respondiendo a tu pregunta, hace muchos años que Pilar no vive en Perú; y no sé nada de El Conde desde, mmmmm, a ver, más o menos 1975. La última vez que lo vi, fue memorable.

    En el pasado, yo había llegado al colmo de fumar unos tres paquetes de cigarrilos diarios (aparte de marihuana), pero para ese tiempo ya tenía cerca de dos años sin fumar nada, y estaba resuelto a continuar así.

    Un día, después de mucho tiempo que no nos veíamos, El Conde me visitó en casa, entró a la sala y encendió un cigarrillo. Me hubiera quedado callado si yo no hubiese tenido carácter. Pero, como sabes, no tengo pelos en la lengua. Me vi forzado a explicarle que había dejado de fumar y que me hacía daño oler el humo del cigarrillo. Además, Pedro y Pilar tampoco fumaban, y hasta mi madre había dejado el cigarrillo.

    De modo que le pedí cortésmente que lo apagara. Pero el pata se picó en lo más hondo, y me dijo, al más puro estilo de un conde de verdad: "Todavía no ha nacido la persona que me haya hecho apagar un cigarro". Y me echó humo en la cara, como bromeando.

    Entonces, le dije con toda seriedad, señalándole la puerta: "Pero sí ha nacido la persona que te va a pedir que te lo fumes afuera". El pata se puso de pie y me contestó: "Me lo fumo afuera", y se fue. Pero no pensé que se iría tan lejos, porque nunca más volví a verlo... ni en pintura. Supongo que se olvidó de mi dirección, jajajaj.

    ¿No es increíble cómo un pucho puede acabar con una amistad? Pero, ni modo. Mi salud no era negociable. En fin, son cosas de la vida. El que se pica pierde. Todavía no ha nacido un conde que se me crezca, jajajaj.

    Bueno, Andy me escribió y me recordó cosas muy bonitas de cuando crecimos juntos. ¡Y tú eres parte de la historia, Monina! También crecimos juntos una buena parte del camino, cuando jugábamos en nuestro barrio y hacíamos nuestras fiestas. Todos nos quedábamos horas platicando y riendo a pierna suelta.

    Que Dios te bendiga. Saludos a tu family. ¡Sigue sonriendo! Gracias por visitar mi blog.

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  5. Julio Guevara20:13

    Julio Guevara dijo

    Esta pagina se hizo algo personal! pero en serio que existia la chama del mal!!jajajaja con mucho respeto. Cosas de la vida :)
    Julio Guevara
    Yo vivia en Breña! algo lejos de allá. No tan cerca de donde vive Fragil... Tabo y Bustamante.

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  6. Saludos, Julio
    Gracias por tu visita.

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  7. bruno polo20:23

    Como hace poco te conté por teléfono, mi primo El Conde falleció en 1991 de un enfisema pulmonar. Carismático y muy querido por todos.

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  8. Jaime Rodriguez Larrain17:49

    Hola, Zulu Fue super emocionante encontrarme contigo en el concierto de Traffic Sound en el Teatro Peruano Japonés, de Lima. Me acuerdo mucho de esas reuniones juveniles de locura contigo en el segundo piso de tu casa, cuando tocábamos guitarra con Andrés y Jesús Núñez y todo el barrio. Nunca olvidaré las interminables sesiones de grabación en IEMPSA con la.hermanas Calisto y algunos del barrio. Ojalá vuelvas a la música y gracias a este blog he podido volver a escuchar Sana Camaleón, Candela, Como lirios en el campo y Si en el cielo yo viviera, en las que participé cantando en los coros, hecho inolvidable para mí. Ojalá vuelvas a la.música, talentos como el tuyo, pocos. Un abrazo

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  9. Zulu18:28

    Hola, Bruno. Ahora entiendo qué fue de El Conde. Fumaba mucho. Recuerdo que yo había dejado de fumar, después de haber llegado a fumar casi tres paquetes diarios. Fue realmente un gran logro. Por eso, cuando él encendió un cigarrillo dentro de mi casa, le supliqué en los términos más amables que por favor apagara su cigarrillo. Pero su respuesta tajante y desafiante fue: "Todavía no ha nacido la persona que me haga apagar un cigarro". Mi calma y amistad de siempre se tornaron en molestia, e inmediatamente en cólera. De modo que le alcé la voz y le dije: "Pero sí ha nacido la persona que te pide que salgas de su casa si quieres fumar ese cigarrillo". Me miró, supo que hablaba en serio y me dijo: "Me lo fumaré fuera de tu casa". No sé hasta dónde se fue, pero fue la última vez que lo vi. Nunca más se comunicó conmigo. Debió ser difícil contraer un enfisema pulmonar. Me pregunto hasta qué grado contribuyó el cigarrillo que nunca quiso apagar. En fin, cada quien toma sus decisiones. ¡Cómo me hubiera gustado que tomara las cosas de otro modo! En fin...

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  10. Zulu18:29

    Jaimito, también fue un gusto verte después de 40 años en el concierto del 17 de octubre de 2015. Debí pedirte tu email. Mándamelo por este medio. No lo publicaré. Un abrazo.

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  11. Rosario Pancorvo07:59

    Hola Miguel Ángel, soy Rosario, la menor de los Pancorvo. Que recuerdos de la niñez me ha traído leer tu blog. Gracias a Jaime Rodríguez Larraín he conocido tu blog y lo mataperra que era Maruja, no sabía que te había enseñado a fumar y lo que seguro ella no sabe es que tu nos enseñaste a fumar a Pilar (tu hermana) y a mí en el baño de tu casa. Me acuerdo del Club del Vecino, la canción y la casa de madera que había en mi casa donde se reunía este club. Recuerdo mucho a tus papás y sobretodo la pérdida temprana de tu papá, un hecho que me marcó ya que para mi era la primera vez que sabía de la muerte. Recuerdo como parábamos en la calle jugando cruzando Camino Real en bici (algo imposible en estos días) para ir al Super Market a leer chistes y comernos los chocolates (Sin pagar) Son tantos recuerdos que podría escribir un libro y pasarme horas. Hoy voy al concierto de los Traffic, ojalá pueda saludarte personalmente. Me gustaría escribirle a Pilar, ella es para mi una gran amiga a quien no veo hace..... años (un huevo). Un abrazote y estaremos en contacto

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  12. Zulu08:09

    Hola, Charito!!! Qué gusto saber de ti. Que recuerdos aquellos. Uno no deja de asombrarse por todo el caudal de memorias que abrigamos los niños, hasta viejos los guardamos con cariño. Travesuras que nos llevaron de aquí para allá como si fuéramos hojas de otoño, jejeje. Y qué gusto saber que te anotaste para el concierto de Traffic Sound. La gente estuvo muy contenta de verlos por primera vez en tantos años. Para mí también hubiera sido un gusto verte. Al final salí al hall de entrada y estuve dialogando con muchos que disfrutaron de la ocasión. Pero no sabía que estabas allí. De lo contrario te hubiera procurado ubicar. En fin... Por favor, mis recuerdos a Maru. Siempre recuerdo a Tairí, su hijita, que ya debe ser una mujer hecha y derecha. Un abrazo a tu esposo, y felicitaciones por haberse mantenido juntos desde siempre. Ustedes son un matrimonio de esos que hay pocos. Se enamoraron bastante jóvenes y siguen juntos a pesar de tantos años. Mis felicitaciones. Tu mami, tu hermano Augusto, tu hermana Pilar y su esposo, Piki, a todos los recuerdo siempre. Mi hermana Pilar vive en USA hace más de 20 años, Pedro también emigró con su esposa e hija hace muchos años.

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  13. Andrés Núñez11:59

    Mi querido amigo Zulu, ha sido un gusto ver mi nombre y el de mi hermano, ademas de tantos amigos queridos, en los comentarios de tu blog. Que gusto saber de ti. Tantos recuerdos, sobre todo cuando nos ibamos con el negro Valladares a los parques de los alrededores del VT. Regresaba a casa con un hambre... Que buen par de años pase ahi. ¿Te acuerdas de Sara Regina? Hermosa chica que andaba con la gracia de una vicuña. Qué bueno saber que te ha ido bien. Hablé por Facebook con Carlitos Osorio Zumaran, que te conoce. ¿Sigues con ellos? De mi, te dire que me casé. Cuatro hijos. Despues de vivir 4 años en Alemania, regrese a Lima por un tiempo. Ya hacen 18 años que vivimos en Dallas, Tx. No me puedo quejar. Bacan leer tus historias y tantos recuerdos gratos. quedé con Larraín que, cuando visite Lima, te contactaremos para juntarnos para un cafecito. Que Dios te bendiga y ahi nos encontramos en el camino.

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  14. Zulu12:02

    Muy apreciado Andrés, ¡qué gusto tener noticias tuyas! Siempre te tengo presente, también a tu hermano, Jesús, deseando que se encuentren bien. Con Carlitos nos vemos de vez en cuando, claro que sigo con ellos. Van 41 años, jajaja.Ya platicaremos cuando andes por acá. Si te conectas con Larraín, dile que me mande su mail. Un abrazo.

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