"Si en el cielo yo viviera"


"Si en el cielo yo viviera" es breve, pero simboliza el sentimiento que enmarcaba mi proyecto de vida que comenzó en la década del 70. Es una canción que te deja pensando.

Historia de la canción

[Al tiempo de escribir esto] los científicos no han descubierto en el universo físico un lugar más hermoso que la Tierra.

Lamentablemente, en 1974 estábamos destruyéndolo en todo sentido y yo quería hacer algo tangible al respecto, lo cual implicaría no solo convertirme en un músico reconocido mundialmente, sino tomar parte activa en el liderazgo [en un sentido no político ni económico o administrativo, sino espiritual], es decir, mostrarle a la gente que el camino a la paz no resultaría nunca de que todos pugnaran entre sí por ser líderes. Yo entendía que la clave consistía más bien en aprender a ser seguidores responsables mediante un entrenamiento la conciencia. ¿Y quién sería el líder? ¡Jesucristo, por supuesto!

Es cierto que dar de comer a los pobres o vestirlos era una obra loable, pero de esa manera se soslayaba un dicho muy cierto y muy antiguo : "Dale un pescado y lo alimentarás un día; enséñale a pescar y lo alimentarás toda la vida". El secreto radicaba en alimentar la conciencia y no solo en alimentar, sanar y edificar el cuerpo.

En mi opinión, el secreto consistía en obedecer y seguir las reglas, no en multiplicarlas solo para luego analizar la manera de violarlas ("Hecha la ley, hecha la trampa"). Pero ¿quién lideraría todo ese movimiento? Ciertamente, ningún hombre, porque si algo habían demostrado los hombres era una absoluta habilidad para meter la pata.

Un paso importante: Me retiré del movimiento filosófico al que pertenecía por una razón simple: Cuando propusieron que cada uno presentara una conferencia basada en el personaje que más admirábamos, yo hablé de Jesucristo y su proyecto del Reino de los Cielos. Pero todos se miraron unos a otros, como diciendo: "Se supone que debes hablar de Sócrates, Aristóteles, Kant u otro de los filósofos conocidos, no de Jesucristo". Eso me enervó.

¿Acaso Sócrates entregó su vida por nosotros? ¿Acaso Aristóteles pudo jamás superar la extraordinaria sabiduría vertida en el famoso Sermón del Monte? ¿Acaso Kant pensó alguna vez en la importancia de devolver la vida a las personas para que vivieran en un paraíso? Y lo que colmó la medida fue que en nuestras reuniones de planificación llenaban el cenicero de colillas de cigarrillo. Un día no lo soporté más, y les dije: "Aquí hablamos de hacer un mundo mejor. Pero no me explico por qué medio lo lograremos si seguimos llenando de puchos este cenicero". Ese día renuncié.

La respuesta no estaba en una filosofía que carecía de poder y fuerza sobre la vida de las personas, es decir, para que realmente quisieran modificar sus hábitos, por ejemplo, fumar, emborracharse, drogarse, maltratar a la familia, abusar del poder, etc. Por eso en la canción clamo: "Oh, mi Cristo ven y ayúdanos a darles nueva vida" y "cantaremos ¡Aleluya! todos juntos". Si la verdadera filosofía significaba amar la sabiduría, para mí no hubo nadie que la manifestara, expresara, explicara y difundiera mejor que Jesucristo.

No me malinterpretes. Yo no era miembro de ningún movimiento fundamentalista. Simplemente era un católico, apostólico y romano practicante. Y cuando digo practicante, no exagero. Iba a Misa todos los días (7x7). Rezaba el Rosario todos los días a las 6 pm en la iglesia con las viejitas. No había ni un día que no rezara el Rosario. Me confesaba una vez por semana y comulgaba todos los días (7x7).

¿Rayado? ¿Cucufato? No. Simplemente obedecía a pie juntillas las normas de la Iglesia porque suponía que Jesucristo la había fundado. ¿Cómo iba a criticar a otros si no comenzaba por sacarme la astilla que había en mi propio ojo? Si todos hacen lo que les da la gana, ninguna política, ni siquiera la eclesiástica, funcionaría jamás. En aquellos tiempos yo sentía que debía cumplir con la Santa Iglesia Católica si quería ser realmente pragmático.

Por mucho tiempo había buscado incesantemente y por todos los medios una abducción extraterrestre. Pero no imaginaba que muy pronto experimentaría, gracias a mi búsqueda de la esencia filosófica promovida por Jesucristo, plasmada magistralmente en lo evangelios, algo más tangible que eso: una inmersión lingüística increíble que no solo respondería a todas mis preguntas, sino que me abriría las puertas a un patrón de pensamiento muy superior al que jamás había imaginado, algo que trascendería por mucho a toda la filosofía humana que había acumulado durante años.

Esta canción llegó a ser mi clamor desesperado por ver realizados algún día todos los placeres que podía producir una vida sana, llena de libertad, muy superior a la que usualmente confundimos con el libertinaje.  


José Ingenieros decía: "No creo en los sermones. Son como letreros en las carreteras. Inútiles para los que conducen con cordura, y más inútiles para quienes van decididos a estrellarse".

Para aquel tiempo me había hecho miembro activo de una comunidad cristiana de líderes dirigida por un extraordinario sacerdote jesuita. Asistía a todos los retiros programados, llevaba la delantera en todo lo que el cura decía que era necesario para alcanzar el cielo, los acompañaba en el Vía Cruxis y cumplía rigurosamente con cuanta ordenanza me dieran, hasta eso de encerrarme en una habitación para las largas meditaciones de San Ignacio De Loyola. Pero no me volví fanático. Simplemente me esforzaba por cumplir con los requisitos que me decían que debía cumplir a fin de ser aceptable a Dios, a la Virgen María y a todos los santos. Mis padres me habían educado en el colegio Inmaculado Corazón, y luego en el Santa María, y ¿qué se esperaba que hiciera un joven como yo? ¿No era seguir a Cristo según las enseñanzas que se nos habían impartido?

Pero nunca estuvo en mis planes inmiscuirme en la política de ningún país individual. Mi meta era llegar al corazón del público y despertar en los jóvenes una conciencia con miras a una humanidad superior basada en el respeto a los Derechos Humanos, no en el sexo ni el dinero. El sexo y el dinero debían usarse para un propósito, ya fuera placer o necesidad, pero con autocontrol. En fin, supongo que me consideraban un poco rayado (loco) por pensar así. Creo que a nadie le importaba realmente. De hecho, pensaban que me había trastornado debido a las drogas que había consumido antes de volverme tan religioso.

Hoy es común ver a muchos jóvenes ir a la iglesia. Pero no a inicios de los 70. Una de las viejitas con las que me reunía todos los días a las 6 de la tarde en la iglesia del Parque Kennedy, de Miraflores, me dijo: "Te admiramos mucho. ¡Cómo sería si todos los jóvenes como tú vinieran a rezar el Rosario con nosotras! Lamentamos que seas el único joven en este grupo de oración". Y en Misa, cuando el sacerdote solicitaba un voluntario para leer, yo casi saltaba de mi asiento para quitarle el privilegio a los demás. No me dejaba ganar en eso. Pero iba a Misa a diferentes horarios e iglesias para que no pensaran que lo hacía por figuretti. Lo que me movía era un profundo amor a Dios. Una hostia no me saciaba, ¡tenía que hacer algo más!

Supongo que por eso, sin querer, cultivé un afán mesiánico. Quería convertirme en algo así como un Moisés de la juventud. No en Perú solamente, sino del mundo. Isaac Hayes ya suspiraba al dirigirse a la juventud. Una vez exclamó con voz profunda y sufrida con gran preocupación durante un concierto: "People, you don't understand! [Gente, ustedes no entienden]". Lo llamaban el "Black Moses" (QEPD)* * * [Hoy a veces menciono a Hayes y me responden: "¿Quién?". ¡Fue un grande de la música soul! Actor, autor, pianista, arreglista, cantante,  actor, productor musical y director de orquesta. Inspiró a Barry White, Marvin Gaye y otros que vinieron después. De estilo propio y encantador, para 2002, este ganador de dos Grammys y un Oscar fue incorporado al Salón de la Fama del Rock and Roll].

Bueno, pensaba que no me bastaría con llegar a ser un cantante conocido y tener un grupo musical que fuera de gira por todas partes para ganar dinero. Mi misión sería orientar a la masa, hacerles ver en qué estaban metiendo la pata, y ayudarlos a sacarla.

Cuando veo a Yani o a Keiko Matsui en concierto, me veo reflejado en lo que yo aspiraba ser. Una figura mundial de la música, pero con el añadido de convertirme en un Moisés espiritual.

Quería orientar a los padres para que fueran mejores educadores; a los maestros, para que fueran más mayéuticos en sus métodos; a los gobernantes para que se dejaran de tonterías y comenzaran por estudiar a conciencia lo que realmente significaba ser un líder del futuro; y a los niños para que tomaran conciencia de su verdadero potencial. Una ambición desmedida por el poder, pero canalizado con una justicia basada en el amor.

No tenía miras en el Perú, sino en Estados Unidos. Se supone que mi disco me serviría para abrirme camino cuando llegara allá. Mi hermana Carmela y mi hermano Kike solo estaban esperando el momento en que me animara a dar el salto para darme una mano en todo lo que necesitara. Billy Morgan estaba allá y yo pensaba armar mi grupo con él y sus amigos.

Mi objetivo incluía convertirme en un disciplinado karateka, fisicoculturista peso pesado, filósofo acucioso, cantante y compositor, y un arreglista fuera de serie, casarme con una gringa preciosa y, con todo ello, realizar mi sueño de ser un líder mundial, no en política, sino de las juventudes de la Tierra. La meta era que el planeta se volviera más atractivo para los extraterrestres, de modo que dejaran de esquivarnos debido a nuestras bestialidades, y que se comunicaran más abiertamente con nosotros. Más loco que una cabra.

Mi teoría para la gran dificultad para comunicarnos con los extraterrestres era nuestra salvaje curva estadística de criminalidad. ¿A quién le gustaría juntarse con seres que procuraran a cada rato su autodestrucción y destruir a los demás? ¿Acaso era eso un atractivo turístico, hablando en sentido interplanetario? La autodestrucción no era una buena carta de presentación.

En ese tiempo se decía que los extraterrestres se asomaban discretamente para instruir a los más dotados, los niños índigos (como si los demás fuésemos seres inferiores que no teníamos nada de aportar al resto del universo). Yo no pensaba así. Deseaba ser instruido por extraterrestres, pero compartiendo enseñanzas y experiencias y trabajando en equipo para el bien universal. No tenía la menor idea de cultivar una sumisión abyecta. ¿Cómo podía decir que era inteligente y al mismo tiempo someterme inconcusamente a una entidad desconocida? Nequáquam.

La profecía de Ezequiel (de las versiones más antiguas de la Biblia), especialmente los primeros capítulos, siempre me habían fascinado. Pero lo que más me intrigaba era el énfasis que se daba a ciertas expresiones que se repetían una y otra vez a lo largo de todo el libro: "Esto es lo que ha dicho el Señor Soberano Jehová", indicando claramente, y más allá de cualquier duda, de que el mensaje que contenía no le pertenecía a Ezequiel. En particular, cierta expresión se repetía al final de muchos capítulos como una severa advertencia que taladraba mi conciencia: "Y tendrán que saber que yo soy Jehová". Esa era una declaración contundente, nada ambigua ni difícil de interpretar. Inspiraba una profunda reverencia y curiosidad. ¡Qué cosa más grande podría haber que hacer contacto con tan majestuosa entidad!

Me daba vueltas en la cabeza la idea de que los extraterrestres ya estaban entre nosotros en grandes cantidades pero que no nos habíamos dado cuenta de la magnitud del hecho porque mantenían el perfil más bajo posible a fin de pasar desapercibidos, para no despertar sospecha. Pensaba que ya estaban capacitando a verdaderos índigos, no físicos, sino espirituales, para sobrevivir al fin del mundo. Pero ¿dónde estaban? ¿Cómo ubicarlos?

Suponía que otros ya habían hecho contacto con estas extraordinarias personalidades del carro de Dios de la mencionada profecía, y que estaban siendo entrenados por estos seres de inteligencia sobrehumana, es decir, no procedente de este mundo, y que tal vez ellos podrían explicarme lo que significaban los extraños símbolos del alucinante carro de Dios y otros detalles de la profecía.

En medio de esas circunstancias compuse "Si en el cielo yo viviera". Era un clamor que brotaba desde lo más profundo de mi alma, un llamado a los extraterrestres para que se comunicaran conmigo. Creía que a nivel individual no había logrado captar su atención, pero que tal vez mi canción se elevaría como una plegaria hasta la quinta dimensión. Por eso contenía algunos rasgos futuristas, vigorosos y extraños. Era como si gritara: "¡Aquí estoy! ¿No me ven?". Todo por una abducción o lo que fuera que acelerara el proceso.

En otras palabras, Jesucristo siempre fue para mí el más extraordinario de todos los seres que nos habían visitado desde la otra dimensión, y quería ayudarlo a completar su victoria contra el imperio del mal. Yo aún no sabía cómo lograrlo, pero seguramente mi buena intención recibiría alguna clase de iluminación en un tiempo adecuado.

No tenía dudas. Pensaba que, una vez publicada esta canción, Dios finalmente me tomaría en serio y se comunicaría conmigo y me diría dónde, cuándo, cuánto, con quiénes, por qué, para qué y cómo cooperar con su Reino, es decir, el reino de Jehová mencionado también el las profecías de Daniel, otro profeta de la Biblia. El mundo feliz al que hacía referencia en la canción.

¿Loco no? Así pensaba Zulu hace más de 43 años, cuando compuso y grabó esta canción en 1974. Estaba convencido de que no me serviría de nada convertirme en un artista famoso si solo iba a seguir siendo presa del sistema, es decir, usando mis habilidades solo para ganar y acumular dinero y recibir el aplauso de la gente.

¿Qué? El día que hiciera una gran fiesta en mi enorme casa, ¿acaso iba a andar persiguiendo a todos para rogarles que no usen drogas en mi propiedad? ¡Ridículo! Así no funciona el mundo. La gente simplemente hace lo que quiere. ¿O acaso iba a terminar mi vida rodeado de guardaespaldas, perros guardianes y cercos eléctricos, y acabar un día con mi vida con una aguja colgando del brazo, con una sobredosis, debido a la ansiedad o depresión? Mi vida tenía que servirme para algo mejor que eso.

En aquellos tiempos, mi destino estaba trazado: Tenía que ser feliz haciendo lo que era correcto desde mi punto de vista, lo cual debía armonizar lo más posible con el punto de vista del Dios de Moisés y Abraham, aunque hubiera quienes me criticaran por ello. ¿Acaso era poco? ¡Era una pesada responsabilidad moral! No me malinterpretes: No me oponía al éxito ni al dinero, pero para mí esas cosas no significaban nada. Es todo.

"Pero ¿acaso no hubieras estado en mejor posición para ayudar a la humanidad siendo famoso y teniendo mucho dinero?", me dijeron algunos, dando a entender que tal vez retirarme era una exagerada y tonta decisión. Pero siempre respondí: "¿A qué costo? ¿Tú me hubieras garantizado que mi vida después de unos años no terminaría en un despeñadero emocional?". En aquel tiempo mi prioridad era controlar mi vida y ayudar a otros a controlar la suya. Quería agradar sobre todo a Dios.

Una vez, leí una nota periodística en el número 496 de la revista Cosas, que hablaba de Charly García, cantautor argentino. Charly requería diariamente "un coctel compuesto de tres antidepresivos, dos ansiolíticos y un sedante antipsicótico".  Hoy miro hacia atrás y veo que en ese tiempo yo no hubiera sido un mal candidato para un régimen aún más estricto. Pero a estas alturas, solo me tomo un Panadol y otras cositas necesarias de vez en cuando. Como a veces digo en broma, antes volaba con marihuana, ahora vuelo con colesterol y glucosa, jeje.

Bueno, aquellas eran las angustias que pasaban por mi mente durante la grabación del LPZulu, pero especialmente durante la grabación de esta canción. Por eso interioricé a Jesucristo en mi vida, como si yo fuera él, procurando sentir lo mismo que hubiera sentido él si viviera en el cielo y observara cómo el mundo se autodestruía. ¿Acaso no vendría él a rescatarlo? ¡Sin duda! Hizo eso, precisamente.

"Si en el cielo yo viviera", es decir, si yo fuera un extraterrestre y viviera en una dimensión celestial, y desde allí viera cómo la humanidad se destruyera a sí misma por falta de guía, no dudaría ni un segundo en entregar mi vida, si fuera necesario, para ayudarla. ¡Es lo que en principio hizo Jesús hace unos dos mil años! ¿Y qué arriesgaría yo en una misión semejante? ¡Mi vida, pues! Ya sabía el precio que Jesús había pagado por pregonar la verdad, y no hubiera sido raro que un día me asesinaran con una muerte equivalente o peor. Pero estaba dispuesto. No tenía dudas. Así pensaba en aquel tiempo.

El sueño de mi vida era que toda la humanidad se uniera en un solo coro de satisfacción, "¡Aleluya!", por haber logrado finalmente paz y seguridad para siempre. Poco imaginaba que esa no era la manera como Dios me invitaría a cooperar. De hecho, en aquel tiempo ni siquiera sabía la traducción exacta de la expresión "¡Aleluya!".

En términos psiquiátricos, creo que alguien hubiera pensado que yo estaba en un estado de enajenación mental, en otras palabras, en una especie de animación suspendida emocional, producto de la paranoia esquizofrenia. ¡Wakala!

De hecho, un día, mucho tiempo antes del proyecto del LPZulu, se me ocurrió entrar a un consultorio psicológico de la Av. La Paz. "Buenas tardes, señorita" -dije-, ¿puedo ver al doctor? Permítame explicarle: Si su cara no me gusta, no voy a dejar que me analice".

La señorita me fijó la mirada, como pensando: "¡Huy! Este necesita un loquero al ahora mismo", es decir, mismo cliente. Y me dijo: "¡Claro, señor! ¡Por favor, tome asiento, ahora mismo podrá verle la cara al doctor! ('¡Te encantalá!')". Al rato, el doc me hizo pasar y le solté casi todo el rollo, eso de mis alucinaciones y mi proyecto de vida, por supuesto que también le respondí algunas preguntas. Al terminar, le dije: "¿Y? ¿Qué tal? ¿Qué piensa, doc?". Porque se había quedado quieto, mirándome, como pensando: "¿Este cree que soy idiota?". Tal vez creía que era un enviado de la competencia y yo lo estaba analizando al él para ver su eficiencia. No sé. Pero todo lo que le dije parecía ser buen material para una película de George Lucas.

Bueno, su lacónica respuesta fue: "Mi amigo, creo que necesita un internamiento urgente". ¡Jaaa, qué brutal! ¡Sentí que me tiró un cuetón al pecho!

Le di las gracias por el sopapo y me retiré para no volver a verlo nunca más. No por su cara, sino porque yo pensaba que él estaba más loco que yo. "Mejor, yo lo curo a él", pensé. Creo que me lo dijo para que no volviera. Tal vez no me quería como cliente, por no ser muy ayudable (eso de que, "si no le crees al doc, no fubnciona").

¿Dijo que necesitaba internamiento urgente? ¡No fastidies, pues! ¿Para qué? ¿Para que me bañen con electroshocks y me hagan olvidar todas esas estupideces? Tengo un amigo que lo bañaron varias veces con electricidad y hasta ahora está con la lengua afuera y los ojos que le dan vueltas como Mercurio alrededor del Sol. ¿Qué creía? ¿Que yo era el Loco Uretra ("Doctor, yo no estoy loco, blurrrr")?

¿Qué estupideces? ¿Acaso era estúpido pensar que el mundo estaba autodestruyéndose? Hoy todos creen eso. ¿Era estúpido decir que quería cooperar para evitar una autodestrucción mundial? Hoy hay movimientos, ONGs y fundaciones, como Greenpeace y la Mario Poggi Foundation, que se jalan los pelos verdes por hacer algo.

Muchos científicos opinan que ya rebasamos el límite de tiempo para detener las consecuencias del cambio climático generado por el consumo global y que, en todo caso, si detuviéramos en seco el consumismo actual, solo podríamos aminorar su llegada. Y advierten que ahora se trata más bien de prepararnos para lo que se viene, que, dicho sea de paso, no será nada fácil de enfrentar.

En esta canción digo que "todos quieren vivir en un mundo feliz, pero nadie quiere transformarlo". En cierto sentido, me refería a eso, precisamente. Todos quisiéramos que los efectos de las amenazas que se ciernen sobre el mundo actual se revirtieran. Pero el consumismo y la decadencia moral siguen imparables. A algunos científicos de la Antártida ya no les quedan dudas de que solamente la amenaza climática ha superado largamente las otras causas reconocidas.

Por otro lado, ¿acaso era una estupidez pensar que el verdadero hábitat de la humanidad era el paraíso? Hoy los científicos de Discovery Channel y National Geographic están cada vez más convencidos de que esa es la pura verdad. Hasta documentan programas en los que afirman que, bajo condiciones apropiadas, la vida humana no tendría por qué decaer y detenerse con la muerte. Somos terrestres que podríamos vivir para siempre, que vivimos en un hermoso planeta que se autoregenera a sí mismo constantemente. ¿Eran esas estupideces que me hubieran hecho olvidar con electroshocks? Esas no son idioteces, sino el producto de mentes normales, comunes y corrientes.

Bueno, me despedí del doc y regresé a mi casa con la moral en la Fosa de las Marianas, quemando cerebro de solo pensar en la opinión que tenía de mi estado mental. Mis pilas se habían descargado a 2 y me las bajó a -2. Ahora podría inspirarme en aquello y componer la segunda parte de esta canción, pero la titularía: "Si en el suelo yo viviera", jajajaj.

Y como se suponía que estaba mal de la azotea, qué mejor que subir a la azotea de mi casa para orar intensamente al Ser Supremo y decirle: "Yo sé que estás ahí mirándome y oyéndome, y que probablemente tienes un ejército de ángeles encubiertos rondando esta pelota. Si hay algunos por aquí, mándamelos, por favor, pero rápido, porque acabo de hablar con un loquero y me ha dicho que necesito internamiento urgente. Pero yo no lo creo. Sé que tú puedes ayudarme a salir adelante. Dame una mano, mándame un platillo, bájame una escalera o succióname para arriba. ¡Pero ya! Porque dicen que no doy más".

En el fondo, "Si en el cielo yo viviera" es una sentida oración a Dios, un clamor pidiendo su intervención para que detenga la guerra, el dolor, la enfermedad, la desesperación y la desunión, que se eliminen los muros, las fronteras, los prejuicios, la xenofobia y el racismo, que desaparezca el espíritu de competencia, el orgullo malsano de creer que unos son más que otros, la falta de cooperación y la tonta creencia de que se puede seguir inflando un globo para siempre. ¡Tarde o temprano tiene que reventar! Este mundo estaba podrido hasta los huesos. Todos lo sabían, pero nadie estaba dispuesto a quitarse la corona y ponerse a trabajar en armonía. Era una súplica desesperada hecha canción.

Han pasado más de 40 años desde que hice esta música, y en aquel tiempo el mundo estaba hasta el cien. ¿Cómo lo vemos ahora? Dios mío, no bromeo cuando digo que le falta poco para que todos se hagan el seppuku. A no pocos les ronda por la cabeza eso de la autoeutanasia. ¿Yo? Never! A no ser que sea enfermo terminal (mi esposa bromea diciendo que vivo en fase terminal hace años pero que siempre aguanto un poquito más, jajajaj).

Bueno, no quiero aburrirte. Para terminar, algunos detalles de esta canción, que, si no te los contara, jamás te los hubieras imaginado ni remotamente. La guitarra es de mi hermano Pancho (no se lo digas, que se jala los pelos). Era una señora guitarra electroacústica de aquellos tiempos.

En la grabación que muestro en este blog y en YouTube puede notarse que la copia ha sido mutilada justo antes de los redobles del final de la canción. Es una parte muy interesante, pero el pirata la copió mal y casi toda esa sección se perdió. Un original o una nueva copia de la matriz de 24 canales es lo único que podría salvar ese pedazo.

Para los últimos compases de la canción me inspiré deformando con el Moog Synthesizer una idea de los primeros compases de "Delicado", una bella canción de Waldir Azevedo de 1950, que Percy Faith orquestó posteriormente (1952), cuando yo frisaba nada menos que 1 año de edad. Hasta hoy, muchos le hacen arreglos musicales de todo tipo.

Otro es que, si prestas atención, aunque suena como rock, la canción es en realidad un huayno. Si alguna vez yo hubiera hecho un concierto en vivo, todos los músicos, con excepción del baterista, hubiéramos roto el piso bailándola nada menos que como un huaylas (por favor, no se lo digan a mi psiquiatra, jajajaj). Y, por si acaso, la sirena que se oye al final de la canción no es de la policía, sino de una ambulancia del manicomio que viene por mí, jajajaj.

Solo éramos tres músicos en la sala de grabación además de un coro inmenso.

Ficha técnica

Año: 1974
Grabación y edición: IEMPSA
Sello: Odeón
Técnico de grabación: Jorge Trujillo
Autor y arreglos: Miguel Ángel Ruiz Orbegoso (Zulu)
Bajo: Ernesto Samamé
Batería: Augusto Castro
Voz, rythm guitar acústica de 6 cuerdas y Moog Synthesizer: Zulu


Letra de "Si en el cielo yo viviera

Si en el cielo yo viviera,
A la tierra yo vendría
Pues vivir yo no podría
Si desde allí morir la viera

¡Dile! ¡Hey!
Todos quieren vivir en un mundo feliz
Pero nadie quiere transformarlo
Oh, mi Cristo, dime cómo he de vivir
Jesucristo, Santo Cristo para el mundo
Ven y ayúdanos a darles nueva vida
Cantaremos ¡Aleluya! Todos juntos
Si en el cielo yo viviera
A la tierra yo vendría
Pues vivir yo no podría
Si desde allí morir la viera

Coro (silbando)
Cantaremos ¡Aleluya! todos juntos
Cantaremos ¡Aleluya! todos juntos
Cantaremos ¡Aleluya! todos juntos
Coro (confusión de lenguas)

AUDIO

6 comentarios:

  1. Emilio15:31

    Hola Zulu!

    A pesar de que recién escucho tu música (aunque he oído de ti antes), quiero decirte que me fascina (qué talento hombre!)... Y tambien tu blog, cuya lectura es muy placentera... Zulu, eres un buen tipo. Te deseo lo mejor para ti y tu familia.
    Saludos y gracias por toda tu obra.

    Emilio
    Ps. Tengo un amigo que dice ser el actual dueño del minimoog que tú tocabas por aquel tiempo.

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  2. Hola, Emilio

    Gracias por tus palabras. Ha sido un placer compartir mi música contigo.

    De ser cierto que actualmente tu amigo tiene aquel Moog Synthesizer, entonces, es el mismo que suena en la canción Si en el cielo yo viviera y en todas las del LP. Vale aclarar que no me pertenecía. Era propiedad de la disquera.

    Aprecio tus buenos deseos para mí y mi familia.
    Muchos éxitos también para ti y tu casa.

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  3. Cesar13:21

    Hola Zulu, soy amigo de emilio, quien te dejo un comentario, gracias a él es que tengo la posibilidad de saber sobre tu musica y sobre ti, tuve una marcada influencia musical enbandas como traffic sound sobre todo,telegraph ave entre otras de aquel tiempo, hace mas de 12 años que conosco a emilio y bueno mas de 12 años tambien que tenia la intriga de saber sobre tu musica, tenia muy pocos datos y l aunica referencia que sabia de ti era traffic sound, cuando tuve acceso a los discos te imaginaba como miembro fijo del grupo lo cual me causaba mucho mas espectativa de saber mas sobre tu musica y cual era el desempeño. la poca informacion que tuve sobre ti(hace mas de 13 años me quedo corta)y justamente la semana pasada vi el disco Zulu en un portal de Internet, con unas tomas detalladas de las fotos que hay en el disco. me gusta mucho la musica y sou muy curioso en esos detalles,despues de ver esto en ebay retorno la nostalgia de seguir indagando sobre musica como en el caso de tu disco por ejm,fue casi una sorpresa que emilio me comente de ti justo en el momento que estaba a punto de buscar informacion del disco que grabaste en los 70´s, loco no ? mas aun cuando le contaba la historia de como consegui el minimoog, no tenia entendido que habias utilizado esto y ni me lo imaginaba, el unico dato que tengo sobre el mini, fue que se utilizo en el disco de yola polastry segun me contaron pero mas alla de eso no tuve mas informacion,comentandole a emilio la historia del mini, el me comenta que usaste este teclado y cuando le digo que lo compre cerca de 10 años en iempsa cuando esta disquera quebro y al enterarme que tu grabaste con este teclado era mas que un hecho que es el minimoog que utilizaste para la grabacion de tu disco. que alegria saber que este teclado tiene una historia aparte y tmb dentro de un musico que para mi era un poco inaccesible, siempre quize saber de tu musica y mira tu tengo el mini que usaron. esto es largo para contar,

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  4. Hola, César

    Como explico en la página Journalists, edito para resumir. Arriba he publicado gran parte de tu comentario, pero sin editar. Es interesante saber que aparentemente tienes en tu poder aquel Moog Synthesizer que usé en estas canciones! Ciertamente tienes una historia que contar. Es un equipo interesante. Estoy seguro de que le vas a dar muy buen uso.

    Respecto al LP Zulu, puedes bajarlo gratis a tu computadora desde el link Downloads. Gracias por visitar mi blog. Saludos a Emilio.

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  5. Luis Alvarado13:24

    Hola Zulu

    Quiero felicitarte por tu música y por tu blog. Tu canción "Si en el cielo yo viviera" sobre todo me gusta mucho, realmente me eriza, es una canción muy sabia y de una melodía fulminante. Muchas gracias por haberla compuesto. Te invito a visitar mi blog enlosextramuros.blogspot.com, donde he ido subiendo algo de música peruana también difícil de acceder. Espero que un día nos podamos conocer y conversar. Me queda una duda, grabaste otras cosas con el mini moog, experimentos o cosas así?

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  6. Hola, Luis

    Gracias por visitar mi blog.

    Hay muchas expresiones del arte musical que no fueron difundidas lo suficiente en su momento. Personas como tú no las dejan pasar así nomás, sino que logran rescatarlas, valorarlas y divulgarlas.

    En cuanto a tu pregunta, con el moog solo realicé estas grabaciones. Es un aparatito muy interesante, precursor de equipos que hoy en día lo superan largamente en tecnología. De todos modos, iba a darle un uso igualmente conspicuo en el tema "Yo no pierdo mi tiempo", que quedó inconcluso. En "Downloads" hallarás una grabación de la base musical que usaría para esa canción que no terminé. Imagínate cómo hubieran sonado allí el moog con los coros, las trompetas, el órgano y todo lo demás.

    Visitaré tu blog. Muchas gracias por la invitación (no me dejaste tu mail).

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